lunes, 3 de abril de 2017

En el tiempo de Dios

Tú eres como yo, debajo de las actividades propias de la vida, detrás de todo aquello que constituye nuestra vida física y natural, tenemos anhelos insatisfechos que hasta el presente no se cumplieron, no es verdad?
Este pensamiento lo tuve mientras leía un salmo. A poco de andar por sus líneas, me ubiqué en el mismo corazón de ellas, como si sintiera las palpitaciones del dulce trovador porque era muy similar a mi pensamiento, y seguramente al tuyo.
Dice así: Despierta, ¿por qué duermes Señor? Despierta… no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestra aflicción y de la opresión nuestra? Esa fue la pregunta que se escuchó en una aldea llamada Betania. Allí vivían las horas más amargas dos hermanas, María y Marta. El Señor no había respondido a su llamado de auxilio, llegó cuando su hermano Lázaro había muerto. Las dos mujeres sentían como si su amigo Jesús estuviera dormido…
¿Es esta tu experiencia hoy, querida amiga?
La respuesta es NO, Cristo no duerme, espera con amor, aguarda con gracia a que el tiempo llegue a su punto, la crisis a su final, para venir al auxilio de quienes claman con fe. Piensa que Él te ama con intensidad divina. Por ti murió en la cruz del Calvario y está esperando que te decidas a ir a Él por medio de la fe en su sacrificio.
Jesucristo, el Hijo de Dios, está en el timón de la historia, guiando a sus hijos y deseando dirigir la tuya también.
El destino final será el cielo y aquí en esta tierra será la mejor compañía.
Permítele que lo haga y déjate llevar en sus brazos de amor.